
El día que Rebeca nació yo no estaba ahí, llegue mucho tiempo después a su vida, cuando la vi hice de todo por llamar su atención, porque se diera cuenta que yo existía, que yo estaba en ese lugar, que necesitaba que me llevara con ella, yo no quería estar más tiempo ahí abandonado viendo como todos los días esas puertas se abrían y se cerraban, como la gente pasaba por los corredores, como todos los días como nos ilusionaban con sus voces haciéndonos creer que algún día saldríamos de ahí.
Después de haber movido mi cola, de haber maullado, saltado y hacerle caras, por fin me vio, la conexión que sentí no puedo describirla fue algo absurdo, no lo había sentido con nadie más que había entrado a la tienda, yo quería seguir viendo esos ojos claros llenos de maquillaje, ese pelo alborotado como si nunca alguien lo hubiera peinado, quería seguir sintiendo el olor que sentí cuando me cargo, me di cuenta que era demasiado alta cuando me puso de nuevo en el piso, no quería que se fuera quería que me llevara, entonces empecé a caminar entre sus pies a dar círculos alrededor de ella, se agacho, me acaricio y me cogió, cuando me soltó volví al mismo lugar de siempre, al lugar en el que me la pasaba esperando a que algún día ya no estuviera mas allí, ella dio una vuelta más por el sitio yo solo la miraba, sus ojos estaban tristes, sentía que ella no sabia que hacer, que necesitaba de alguien y que debía ser yo, Cuando iba directo a la puerta alguien mas me cargo yo estaba desesperado, me movía como loco, mi rubia ya se iba, salte de los brazos de un hombre que parecía sicópata con el que seguramente mis siete vidas no llegarían ni a una semana y me le atravesé a esos ojos tristes, me cargo de nuevo, me abrazo y de sus salían lagrimas, no pronuncio ninguna palabra, no le dijo a nadie en la tienda que me llevaría con ella, no firmo ningún papel, ni tampoco pago por mi, solo corrió hasta su casa desesperadamente aunque nadie la siguiera.
Cuando llegamos a su casa me cubrió con un trapo que llevaba en su cuello, busco sus llaves, abrió la puerta y trato en lo posible por no hacer ninguna clase de ruido, era como si me estuviera escondiendo de alguien o de algo, no se oía nada, parecía no haber nadie, subió las escaleras, atravesó el corredor, miro hacia atrás muy asustada, yo seguía ahogándome en ese trapo y pensando que con el sicópata tal vez no hubiera sentido la muerte el primer día, respiraba a través de ese trapo trasparente por el que también podía ver su cara llena de sudor y con el maquillaje de sus ojos ya corrido, entramos y esa parecía ser su habitación, cerro la puerta, se recostó en ella, suspiro y se deslizo por ella hasta llegar al suelo me destapo justo cuando el aire estaba por terminarse, me metió al baño, me encerró, me dejo solo, cuando volvió yo ya había respirado lo suficiente después de haberme sentido ahogado y casi muerto, tenía una caja en sus manos, me metió en ella sin un solo agujero y me puso debajo de su cama, solo tenía las aberturas de los pliegues de la caja para respirar y para verla, se quito la ropa, la tiro al suelo y se me metió al baño, abrió la ducha y una hora después yo seguía debajo de la cama y en la misma caja, salió del baño y cuando pensé que por fin podría respirar libre mientras deslizaba la caja por el suelo para sacarme, abrieron la puerta de su cuarto y de una patada seguía yo debajo de la cama, solo escuche que alguien más le decía –Rebeca vístete que nos vamos; se vistió lo más rápido que pudo y se fue.
Nunca pronuncio ni una sola palabra, solo tenía un abrazo de ella, su olor, sus ojos tristes y solo sabia que se llamaba Rebeca hasta cuando abrieron esa puerta.