jueves, 1 de septiembre de 2011

EL DIA QUE ME ENAMORE DE UN LABIAL ROJO


Quería salir como fuera de mi casa Avril me miraba como si quisiera ayudarme pero para donde yo quería ir no lo podía llevar, como alguna veces lo hacia, quería conocer la vida libertina de la noche, quería vivir las calles, llenarme de lo que aún no conocía por el encierro y la vida tan rutinaria que me hacían vivir mis padres; me recosté en mi cama y mirando el techo empecé a pensar como iba hacer para salir de mi casa y verme con mis amigos que me explotaban cada vez que me veían pero que en cierta forma sentía que ese era el precio que debía pagar por esa otra parte de felicidad que no era la verdad muy completa pero que igual necesitaba para salir de mi tan aburridora vida.

Mirando el techo me di cuenta que escaparme seria la parte más fácil, mi ventana seria la solución perfecta, solo tenia que saltar y podía estar afuera, vestirme seria el dilema, no podía saltar con vestido, mucho menos en tacones y aunque quisiera salir me tocaba esperar a que llegaran mis padres, tenia que saludarlos despedirme de ellos y hacer que creyeran que me iría a dormir, hice lo posible para que me creyeran aunque la verdad no fue muy difícil ; eran las seis de la tarde pero yo ya quería salir de mi casa y estar en la calle, tenia que esperar a que mis padres llegaran, saludarlos, despedirme de ellos y hacer, me puse mis botas favoritas, el primer jean que vi y la primera blusa que me encontré y en la maleta empaque el vestido y los tacones, me tire por la ventana y Avril se quedo mirándome como si no supiera que él todas las noches se me escapaba, espero a que yo diera unos cuantos pasos y el condenado también se tiro por la ventana como yo lo había hecho, nos parecíamos tanto que se nos ocurrían las mismas ideas sin hablarnos.

Corrí como si alguien más me persiguiera en mi cara solo había una gran sonrisa, yo no podía creer que ya estaba en las calles, que era de noche y que alcanzaba a sentir gran parte de esa felicidad que buscaba, pare me seque el sudor de mi cara, pensé en cambiarme para encontrarme con mis amigos, pero así como estaba me sentía bien, en un estanco pedí una cerveza cerca al lugar donde siempre me tomaba un café con mis padres, no me sentía muy cómoda, pero igual me tomaba mi cerveza, salí del estanco y mientras caminaba me tomaba mi cerveza como si fuera la primera y la ultima que me fuera a tomar en mi vida, se me acabo la cerveza y yo seguía sin rumbo no quería llegar a ninguna casa solo quería estar conmigo misma, con los que se suponía que eran mis amigos no me quería encontrar, quería estar sola, seguí caminando hasta que el cielo se puso lo suficientemente oscuro, me agache para amarrarme una de mis botas que ya hace rato venia suelta cuando alce mi cabeza vi unas luces que llamaron toda mi atención, venían de un sitio en el que parecía haber mucha gente, pase la calle y decidí entrar.

Lo primero que me encontré fueron unos grandulones que se cerraron apenas me vieron pasar la calle, me les puse en frente y me dijeron:

- _Y usted para donde cree que va

- _Quiero entrar

- _Así como esta vestida?

- _Si, tiene algún problema?

- _Si, nos reservamos el derecho de admisión

- _Y que es lo tan malo que llevo puesto que no puedo entrar

- _Quizá las botas, los pantalones sucios, esa camiseta y su pelo desarreglado.

No les dije nada más, les di la espalda y lo primero que vi fue a ese tipo raro que me persiguió el día que me robe a Avril, me agarro la mano, bueno en realidad la muñeca, no me resistí a que me soltara, le seguí la corriente, me dijo - quieres entrar a ese bar? yo solo le moví la cabeza diciéndole que si, le mostré que llevaba una ropa en mi maleta, caminamos unas cuadras más y me dijo - ahí esta el baño para que te cambies, entre el baño no era muy limpio pero igual me cambie me puse mi vestido rojo con mis tacones de diez centímetros salí del baño y en los lavamanos alguien había dejado un labial lo abrí y combinaba perfecto con mi vestido era rojo, me mire al espejo, me arregle un poco el pelo, abrí de nuevo el labial lo miraba y lo miraba pero no era capas de pintarme la boca nunca lo había hecho, mis padres jamás me habían dejado, sentía que no iba hacer capas, pero esa noche yo había empezado haciendo cosas que nunca había hecho antes y no lo pensé mas y me pinte la boca, no lo podía creer, me encanto desde el momento en que empecé a deslizarlo, me enamore de ese color en mi boca, me quedo tan roja como yo quería, mi boca resaltaba en mi cara y tenía el punto perfecto de brillo, salí del baño y ahí seguía el tipo raro le toque la espalda para que se diera cuenta que ya estaba lista y puso una cara de bobo que no podía con ella yo no le dije nada, yo sabia que estaba hermosa, me cogió de la mano y no de la muñeca como la primera vez y empezamos a caminar hacia el bar. Yo no lo podía creer, mi boca estaba roja.


1 comentario:

  1. Hasta ahora agarra cuerpo la historia de Rebeca y su gato, luego el encuentro con el personaje, te falta perfilar la historia, corregir varios acentos y algunas cositas de redacción que miraremos esta semana.

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